La Sombra del Alma

Adicción

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Adicción

 

Y me dejo caer, me dejo caer hacia el inconsciente, hacia la esencia de mi alma, sin nada que me detenga, me sumerjo y nado hacia las profundidades de mi persona. Una caricia, un susurro, estimulan mis sentidos. Mi corazón responde a los impulsos, mi cuerpo se tensa ante las sensaciones que transmiten los receptores de mi piel, y de repente todo sucede, no hace falta pensar nada, mi cuerpo conoce el camino a recorrer, los pasos a seguir, tan sólo hay que dejar la mente vagar por el mar del placer. El sabor de la piel, el sonido de la respiración inundan la habitación. Todo comienza a volverse confuso, las embriagadoras sensaciones entorpecen mis sentidos, la pasión aparece en escena. Mis músculos se tensan estimulados por hormonas nacidas de la excitación, y los instintos toman el control. Una mano agarrando su cabello mientras mis labios sacian la sed del deseo con los suyos. La otra mano recorriendo las curvas de mi anhelo. Mis labios siguen bebiendo de su boca, pero ya me sabe a poco, y necesito más. Comienzo a beber de su piel, recorro a sorbos su cuello hasta alcanzar su oreja, un mordisco y vuelvo a saborear su cuello bajando hasta sus hombros. Sus manos recorriendo mi espalda no hacen más que intensificar la experiencia. Me alejo y la observo, tendida sobre la cama, mi mirada de deseo atravesando sus ojos hasta llegar a su mente. Y la conciencia desaparece, tan sólo deseo queda en mí, instinto, el animal que hay dentro se libera. Un mano a su cuello, y mis labios ya no beben de los suyos, los devoran, su labio atrapado entre mis dientes cuando nuestras bocas se separan. Lo suelto y sonrío, una sonrisa fiera, de bestia más que humana mientras mis ojos leen su mente a través de los suyos. Me incorporo, la observo, miro sus ojos, sus labios, su cuello, sus hombros, recorro sus brazos hasta la punta de sus dedos y vuelvo a subir por su vientre por sus pechos, hasta volver a sus ojos, y no lo puedo evitar, mi mano agarra su cuello, apartando su rostro hacia un lado, y me lanzo a por él. Lo beso, lo saboreo, lo recorro con mi lengua y lo muerdo, mientras mi mano evita que pueda defenderse, el ansia se vuelve insoportable, vuelvo a beber sus labios, a profanar su boca con mi lengua, a reclamar su labio inferior como mío. Me vuelvo a incorporar sobre mis rodillas, mi cuerpo entre sus piernas, recorro sus muslos con mis manos, primero la parte superior de los mismos, luego deslizo mis manos por la parte posterior, la agarro, levanto su peso sin dificultad y la atraigo hacia mí. A estas alturas ya todo es confusión, y me encuentro con el lado más íntimo de mi alma. Disfruto de la experiencia, bebo del placer, absorbo las sensaciones que mi cuerpo recaba a través de todos mis sentidos, y al fin siento mi cuerpo en comunión con mi alma, todo uno, cuando la barrera de la razón desaparece y la naturaleza de mi ser toma el control absoluto de mi cuerpo. Cuando realmente descubro lo que soy, lo que se esconde tras tanta máscara, cuando realmente estoy indefenso, cuando realmente soy invulnerable. Y tras el éxtasis, cuando alcanzo el apogeo, vuelvo a recuperar la conciencia, aterriza mi alma en los rincones de mi ser y la razón se apodera de mi mente. No hay recuerdos en mi cabeza, tan sólo imágenes inconexas, y sólo la sensación, el recuerdo de que mi alma se fusionó con músculo y hueso me persuade de que no fue un sueño. Me desplomo sobre la cama, una película de sudor sobre mi cuerpo, mi aliento desbocado intentando recordar algo de lo sucedido, pero sólo la sensación de intensidad, de haber sobrepasado las fronteras de mi organismo, de que mi mente ha transcendido los límites de mi cuerpo permanece en mi mente y se queda grabada en la misma, fortaleciendo mi adicción,  la necesidad de que mi espíritu escape de mi cuerpo. Adicción que no recuerdo la última vez que probé y que me temo que en mucho tiempo no volveré a saborear, la esperanza va desapareciendo desde luego…

 

Viktor...

Comentarios

Excelente.

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