La Sombra del Alma

Noche de caza

Noche de caza


Era una noche oscura. Ella vagaba por el bosque. Tenía frío y estaba asustada. El viento soplaba desde su espalda y hacia que la larga melena rubia le tapara la vista. Mientras se apartaba el pelo de la cara miraba ansiosa hacia todas las direcciones, vigilando los ojos rojos que su imaginaciónveía en cada rama. Llevaba ya horas perdidas en el bosque. Oyó un crujido a su espalda y se giró bruscamente. Retuvo la respiración y durante unos segundos oteó la oscuridad. Al de unos eternos segundos decidió que debía de haber sido una mala pasada de su mente y se volvió para proseguir el camino.


Aquella había sido una noche provechosa, y todavía le esperaba degustar el postre. Había saciado su hambre con una docena de adultos, pero había dejado escapar a aquella mujer de azules ojos por alguna razón que todavía no se explicaba. Por algún motivo no pudo acabar con ella al mismo tiempo que los demás. La seguía desde hacía un buen rato, era entretenido verla vagar por el bosque, pero pronto amanecería y ya no le sobraba el tiempo.Mientras tales pensamientos ocupaban su mente pisó una rama sin querer. Un crujido surcó el aire. Se ocultó rápidamente maldiciéndose a si mismo por tan absurdo error. Esperó agazapado entre las sombras, ella no sería capaz de verle, pero era mejor no arriesgarse. Al de un rato ella se giró y siguió su camino. Ahora era el momento adecuado, salió de entre las sombras, rodeado de silencio. Se acercó a su presa por la espalda y cuando la iba a hacer suya, ella se giró de repente.


Por alguna razón, su corazón le pedía a gritos que se volviese. Se volvió de golpe. El corazón se le paró cuando se encontró a eseser de frente. Ahora podía verlo con mucha mayor claridad que cuando atacó el transporte. Tenía unos ojos rojos que la miraban fijamente. Unos blancos colmillos asomaban de su salvaje sonrisa. Iba prácticamente cubierto de sangre. Acercó una mano a su rostro. Ella era incapaz de moverse. La mano de ese ser estab ahelada, sintió la suavidad del dorso recorrer sus mejillas y bajar hasta su barbilla. Después siguió las descendiendo por su cuello hasta desparecer entre los pliegues de su ropa. Sintió la otra mano en su cintura atrayéndola hacia ese ser. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fueron aquellos colmillos acercándose a su cuello…


Viktor...


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