La Sombra del Alma

Oscuridad sin rastro

Oscuridad sin rastro

 

Un alambre de espino estruja mi garganta. Los últimos resquicios de aire que quedaban en mis pulmones se escapan entre mis labios como un leve suspiro. Mi vista empieza a nublarse y todos los músculos de mi cuerpo empiezan a relajarse contra mi voluntad. Mi consciencia comienza a abandonarme.

 

Despierto. La garganta dolorida, al tacto una marca recorre mi cuello de lado a lado, salpicado cada cierto tiempo de punzantes heridas. Todo está oscuro, tanteo el suelo que me rodea para ubicarme. Todo está frío y húmedo, el suelo, el aire… y un profundo olor a moho inunda mi olfato. Un escalofrío recorre mi cuerpo, iniciándose en la base de mi cuello y recorriendo toda mi columna. Intento otear de nuevo la oscuridad que me envuelve. Obligo a mis ojos a acostumbrarse a la insignificante luz.

 

Una sombra se mueve en la oscuridad, pero no he oído nada, ¿será mi imaginación que me ha gastado una mala pasada? Sigo escudriñando la oscuridad, agudizando mi oído para captar cualquier leve sonido que el aire transporte hasta él. Sigo sin ver nada, ¡pero oigo que algo se mueve a mi espalda!,  ¿ha vuelto a ser mi imaginación? A estas alturas sólo oigo mi respiración y las lágrimas que empiezan a emanar de mis ojos los ciegan. Sólo en un agujero oscuro, y con un ser cuyo aspecto sólo Dios sabe rondándome. Sólo espero que la muerte sea rápida e indolora. ¿O acaso ha sido todo imaginación mía?

 

Obligo a mi corazón a relajarse, a disminuir el ritmo. Intento calmar mi respiración y seco las lágrimas que recorren mi rostro de con la manga de mi camisa. Una vez que vuelvo a poseer el control sobre mi cuerpo y lo que es más importante, sobre mi mente, resuelvo hacer algo al respecto. Decido una dirección al azar y comienzo a gatear, tanteando el terreno con la palma de las manos, intentando no realizar ningún ruido, ni tan siquiera al respirar. Al cabo de un buen rato, o de lo que a mí me parece un buen rato, por fin encuentro algo que entorpece mi paso, parece un muro, un muro de piedras gruesas, frías y húmedas al contacto. De repente el crujido de una puerta llega a mis oídos, me giro de golpe, escudriñando una vez más la oscuridad, mi corazón vuelve a desbocarse una vez más, siento cómo la sangre golpea con fuerza mi cabeza, mis manos tiemblan, no pueden estarse quietas, a pesar de no ver nada mi vista recorre nerviosamente la oscuridad, de un lugar a otro sin poder detenerse, oigo pasos que se acercan, ¿son pasos?, sí, estoy seguro de que son pasos y se acercan, cada vez se oyen más cercanos, con mayor nitidez, intento buscar un sitio donde esconderme, aprieto mi cuerpo contra la pared, intentando atravesarla de manera inconsciente, los pasos se acercan, su sonido es claro y alto, ya queda poco para que llegue…

 

Viktor...

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